martes, 22 de mayo de 2012

La Historia del Coronel Florentín Oviedo.

HÉROE INSIGNE, HÉROE DE GUERRA. Florentín Oviedo nació cerca de la ciudad de Villarrica en el paraje denominado Tuyutí el 16 de octubre de 1840. Sus padres fueron Don Juan José Barrios y Doña María Antonia Oviedo. Se casó con Doña María Lucía Rodríguez con quien tuvo cinco hijos: María, Aurelia, Prudencia, Leongino y Magín. Sus nietos son Don José Fernando Oviedo, nacido el 27 de agosto de 1932 y Doña Alberta Oviedo Vda. De Mendoza. Hizo sus primeros estudios en su ciudad natal en donde pronto se reveló como un aprovechado y talentoso alumno. Informado de su clara inteligencia, el Presidente Carlos Antonio López, incluye su nombre entre los jóvenes que debían partir a Europa para completar sus estudios y su educación pero sus padres se opusieron a ese viaje y por eso no pudo aprovechar la beca que le brindó López. Entonces, Oviedo cedió a uno de sus compañeros, Juan Bautista Careaga, el más dilecto de sus amigos entre la pléyade de jóvenes que, a su vuelta a la Patria se distinguieron por los diversos conocimientos científicos que supieron adquirir. Cuando se vislumbraba la guerra, Florentín Oviedo se alistó como recluta en el Ejército a la edad de 24 años; presentándose en el Campamento Cerro León el 3 de febrero de 1864. Fue destinado al Batallón Nº 22. Ya en el Campamento, como demostró singular inteligencia y vivacidad, no tardó en convertirse en instructor de sus propios compañeros, que lo admiraban por su laboriosidad, dedicación ejemplar, compañerismo y férrea disciplina. Por ello llamó la atención de sus superiores que comenzaban a distinguirlo.
Su destaque militar y presencia en los campos de batalla. Al vislumbrarse su capacidad, fue ascendido a Cabo, y al estallar la guerra partió con su Batallón a Humaitá. Participó en la Campaña de Corrientes, y por su actuación descollante conquistó las jinetas de Sargento. Actúo en el memorable combate de Corrales (que fuera su bautismo de fuego) librado el 31 de enero de 1866. Por su denodado valor y su bravo comportamiento en esta acción formó parte de los 20 (veinte) galardonados con la Cruz de Corrales. El Coronel Arturo Bray al respecto dice en su libro “Hombres y Épocas del Paraguay”: El Coronel Florentín Oviedo es poseedor de la preciada Cruz de Corrales, la más rara condecoración de la Guerra, concedida sólo a 20 oficiales.
Sobre este Combate de Corrales, dice el Boletín del Ejército de fecha 3 de febrero de 1866, que redactara el poeta guaireño, Natalicio Talavera al anotar los nombres de los que intervinieron en la acción: ¡He aquí los únicos hombres que han recogido la historia! Guerrero extraordinarios de gigantesca talla, sólo ellos se han destacado sobre el pelotón heroico que realizó aquella hazaña de leyenda, sin paralelo que parece una página arrancada a la epopeya griega. ¡Los caídos merecieron un recuerdo del Supremo Dignatario Paraguayo, el cual decretó la erección de un monumento destinado a guardar los restos de los Héroes y a honrar perdurablemente su memoria! Florentín Oviedo va a actuar nuevamente en la gran Batalla de Tuyutí el 24 de mayo de 1866 , a las órdenes del Capitán Santiago Florentín en el Batallón 22, quien atacando el centro de las posiciones aliadas llegó con su unidad al pie de los cañones del enemigo con su impetuosa carga y recibió una grave herida. Fue uno de los pocos bravos que sobrevivió en aquella memorable acción, porque la mayor parte de su Batallón fue aniquilado. En esta ocasión obtuvo su ascenso a Alférez.
Florentín Oviedo fue trasladado al Batallón 12. Revistando en dicho Batallón y con el flamante grado de Alférez intervino los días 16, 17 y 18 de julio de 1866 en la célebre Batalla de Sauce – Boquerón. El último día de esos sangrientos y encarnizados combates, recibió dos graves heridas en el pecho, por su temerario arrojo sin par. Allí fue recogido del campo de batalla por el General José E. Díaz, ese valiente jefe que lo admiraba y le tenía un profundo y singular afecto. El General Díaz lo llevó al Hospital de Sangre de Humaitá, donde fue atendido con verdadera solicitud. Repuesto de sus heridas, fue designado para ocupar un nuevo puesto de combate en el Batallón 3, y destacándose en la acción de Paso Rojas, y el 3 de noviembre de 1867 participó en el asalto e incendio del campamento aliado de Tuyutí. El Alférez Oviedo actuó frente de una compañía del citado Batallón, comandada por el Mayor Manuel Antonio Giménez, a quien la historia lo recuerda como el famoso “Cala’a”. Este jefe y Florentín Oviedo, fueron los primeros, aquella madrugada, quienes con inusitado valor asaltaron las posiciones enemigas. En esta acción, el Alférez Oviedo, se condujo como un auténtico héroe apoderándose personalmente de un famoso “fiu rayado”, un cañón “Withworth”. Esta valiosa pieza de artillería cuando era conducida hacia las líneas paraguayas quedó empantanada en un estero, hasta que fue recuperada por el General José María Bruguéz, quien personalmente se la presentó al Mariscal López. En este asalto, Oviedo, así como fue el primero en entrar en acción, también fue el último en retirarse. Allí fue, cuando abriéndose paso con su espada entre las filas aliadas, recibió un balazo en la cabeza que lo derribara. Fue en esta emergencia que quedó empantanado el cañón. Fue recogido a punto de morir y conducido a Espinillo, donde quedó varios días inconsciente, salvándose gracias a su vigor y juventud, que estaban demostrando poder superar enfermedades, heridas y los otros avatares inciertos de la guerra. El Coronel Luis González, en el parte elevado al Mariscal López, luego de terminada la acción, hizo un elogio al Alférez Oviedo. Fue en esta ocasión cuando el Mariscal López manifestó que tenía deseos de verlo en persona en su Cuartel General, tan pronto estuviese restablecido de sus heridas, porque quería entregarle personalmente el premio que merecía su valiente y heroico comportamiento. Restablecido, se presentó al Cuartel General, siendo recibido por el Mariscal López, quien se encontraba en compañía del Obispo Palacios. Según el historiador Juan E. O’leary, el recibimiento se desarrolló de esta forma: “Fue recibido cariñosamente por ambos, por el Jefe Supremo del Ejército y por el Jefe de la Iglesia: Alférez –le dijo el Mariscal, indicándole la huella de la última herida-, los negros por lo visto, lo han “tonsurado” sin el permiso del Señor Obispo y sin consultar su voluntad. Interponga Ud., los reclamos del caso”. Siguiendo la broma, aunque respetuosamente, se dirigió Oviedo al Obispo Palacios, formulándole la “reclamación” sugerida por el Mariscal y pidiéndole que intercediera para que le permitiese ir en la primera ocasión que se presentara, a tomar venganza por sus propias manos. Un homenaje único, para un hombre único: Doble Condecoración a un Soldado en Campaña. En dicha ocasión se le rindió a Oviedo un homenaje especial, de tal característica que nunca antes recibiera otro héroe en la Guerra contra la Triple Alianza: El Mariscal López luego de destacar los méritos del héroe, frente a los numerosos jefes y oficiales asistentes al acto, prendió en el pecho de Oviedo la Medalla de Tuyutí, entregándole al mismo tiempo el despacho de su ascenso al grado de Teniente Segundo. Pero una vez que Florentín Oviedo hubo prestado el juramento de ley, inmediatamente pasó a otorgarle la Estrella de Caballero de la Orden Nacional del Mérito, y le entregó, además, su despacho de Teniente Primero. Seguidamente el héroe, honrado con dos condecoraciones y dos ascensos, repitió el juramento de práctica, esta vez por el nuevo rango que le otorgara el Mariscal: el de Comandante del Batallón 27. Caso único y excepcional en el curso de la Guerra contra la Triple Alianza fue el protagonizado por el héroe guaireño: en un mismo día, dos ascensos, dos juramentos y dos condecoraciones impuestas por el Mariscal a un combatiente. Honor tan singular fue el más alto galardón alcanzado por un paraguayo en la colosal contienda de la Guerra Grande. Ya Comandante del Batallón 27, Oviedo pasó a Humaitá, en Enero de 1868 para ponerse a las órdenes del Jefe de la Plaza, el Coronel Paulino Alén. Allí quedó inactivo por varios meses en el lugar denominado “Amborocué”, en la impaciente espera de entrar nuevamente en acción.
El 19 de febrero de 1868 la escuadra imperial forzó el paso de Humaitá . Este éxito del enemigo determinó que nuestros soldados abandonaran el denominado "cuadrilátero". El 2 de mayo, López dejó su Cuartel General de Paso Pucú para dirigirse a San Fernando, pues había resuelto defender la línea del Tebicuary. Lo siguió todo el Ejército Patrio, siguiendo la ruta estratégica elegida por el Mariscal: Cruzar el Río Paraguay, desplazarse por el Chaco, para luego cruzar nuevamente el río y desplazarse hasta San Fernando. La escuadra imperial advirtió tardíamente el movimiento de los paraguayos. Entonces el Marqués de Caxías ordenó la ocupación de una franja de tierra que avanza hacia el fondo de la bahía de Humaitá, para tratar de impedir así la comunicación con el reducto de Timbó, defendido por el Coronel Bernardino Caballero. Para esos efectos, una columna brasileña debía operar por el Este y una argentina por el Oeste, tratando de unirse en un determinado punto. En los hechos de guerra para contrarrestar esta acción del enemigo, nuevamente va a sobresalir el Teniente Primero Oviedo. Fue en la denominada batalla de Yuasy’y, librada el 2 de mayo de 1868. Este encuentro heroico fue uno de los tantos que sostuvieron los que quedaron en la retaguardia para defender la fortaleza de Humaitá. Las acciones de Yuasy’y fueron descriptas así: “Los aliados estrecharon más aún el cerco en torno a Humaitá, el ejército brasileño extendió sus líneas desde el Reducto Cierva hasta Espinillo; y de allí hasta Paso Pucú se desplazaron los argentinos. En la sitiada plaza no faltaban provisiones: había depósitos de maíz, almidón, tasajo, etc. Y por el Chaco se recibían las provisiones de carne”. Los aliados, como se dijo anteriormente, se enteraron de que entre Timbó y Humaitá existía una actívisima comunicación que decidieron cortar. Para esta operación el Marqués de Caxías ordenó que el General argentino Ignacio Rivas, con 2.000 hombres saliera de Curupayty y desembarcase en el Chaco, al norte del Riacho de Oro y que tratara de abrir una picada para unirse a la columna brasileña que realizaba igual maniobra por el lado opuesto avanzando hacia Humaitá. Pero al Marqués de Caxías no le resultó fácil concretar esta operación, contrariamente a lo que imaginaba, por desconocer lo impenetrable de nuestras selvas y por el valor demostrado por nuestros soldados.
La Batalla de Yuasy’y. El Ascenso a Capitán. En la mañana del 2 de mayo de 1868 comenzó la estudiada y meditada operación: el Coronel brasileño Regis Barros Falcao, con los batallones 1,3, 7 y 16, más cuatro cañones, desembarcó en Yuasy’y, en donde se hallaba el Mayor Santiago Florentín comandando el Batallón 7. Después de un largo y recio tiroteo, nuestras tropas se retiraron, visto lo cual, los brasileños avanzaron resueltamente, de acuerdo con lo ordenado por Caxías, y en busca de la columna del General Rivas, que a esa precisa hora también realizaba su desembarco. El Capitán Zoilo González se encontraba a esa hora conversando con sus subordinados en la Oficina Telegráfica del Chaco, frente a Humaitá, cuando recibió la noticia del desembarco aliado: escogió 100 hombres de los mejores de su tropa, marchando con ellos a proteger al Batallón 7, al cual encontró en plena retirada. El Capitán González, viendo el buen humor de sus soldados, los arengó diciéndoles: “E’a muchachos, yo he venido para pelear y vencer al enemigo; aquí no hay otra que hacer que llevarle una carga victoriosa a bayoneta y sable”. Estas palabras del Capitán fueron recibidas con vivo entusiasmo, y así, henchidos de patriotismo, se lanzaron al ataque cuando vieron aparecer al enemigo. La cantidad de efectivos desplegada por los aliados, hacían imposible contenerlos, por eso, antes que huir, los nuestros optaron por retroceder ordenadamente, buscando un lugar apropiado para resistir. Para ello improvisaron una trinchera construyéndola rápidamente. El Coronel Paulino Alén, jefe de la Plaza de Humaitá, informado de que nuestra tropa se hallaba en esas condiciones, envió como refuerzo al Comandante Vicente Orzuza con el Batallón 27, comandado por el Teniente Primero Oviedo En esa maniobra se abandonaron en el trayecto dos cañones por falta de medios de movilidad, los que cayeron en poder de la “Legión Primera de Voluntarios”, que constituía la vanguardia de la columna del General Rivas. Con la noticia de que dichas piezas de artillería se encontraban en poder de los aliados, el Comandante Orzuza llamó a una Junta a todos los Jefes, y dirigiéndose al Capitán Zoilo González, le dijo: “Aunque Ud., es de menor graduación, es sin embargo el oficial más fogueado entre todos nosotros; pues ha tenido ocasión de tomar parte en muchos combates. Por esta razón, me dirijo primero a Ud. a fin de saber su parecer respecto a la combinación o plan que cabe poner en práctica en la presente emergencia”. El Capitán González sin vacilar contestó que opinaba que “sin más trámites, debían ser recuperadas las dos piezas tomadas por el enemigo, o morir todos en el empeño si no fuere posible lograrlo”. Su plan era seguir él con la caballería a pie, retrocediendo por el camino de la costa hasta encontrarse con el enemigo, y a la vez internar el Batallón 27 en el monte por una picada más oculta al Sur, paralela al camino principal, con el objeto de llamar la atención por su lado izquierdo con un nutrido fuego graneado en cuanto se hubiese iniciado el combate de frente con las tropas del Capitán González. El Comandante Orzuza aceptó sin reparos el plan, y entonces el Capitán González dispuso llevar su tropa formada de ocho en fondo; en la vanguardia iban los tiradores, y más atrás, los lanceros. La famosa Legión Primera de Voluntarios Argentinos fue totalmente arrollada en el encuentro, generándose una verdadera carnicería, por las tropas del Capitán González, que supieron comportarse como leones, recuperando los dos cañones en cumplimiento de su fiel compromiso. La Legión fue disuelta por el Comando Aliado. Y, por su pésimo desempeño, los oficiales fueron remitidos presos a Buenos Aires y dados de baja inmediatamente. A la mañana del día siguiente, recién pudo el General Rivas incorporarse a los brasileños, que estaban empeñados en levantar un reducto de resistencia en Andaí, un poco más debajo de Yuasy’y. Los paraguayos se dirigieron a Timbó, donde se encontraron con el Coronel Bernardino Caballero, quien acababa de cerciorarse de lo ocurrido. El enemigo, en tanto, le seguía en su retirada, con refuerzos y dos piezas de artillería de campaña, pero el Tte. Primero Oviedo, con su batallón 27 ya estaba en camino y con un ¡Viva la Patria!, salió al frente, al tiempo que ordenaba una descarga sobre el enemigo, que fue más que suficiente para obligarle a emprender una desordenada y precipitada fuga. El Coronel Bernardino Caballero ordenó al Mayor Antonio Barrios que marchase con toda la tropa y que, llevando como segundo al Capitán Zoilo González, hiciese practicar un reconocimiento de la posición de Andaí. Nuestros soldados llegaron hasta muy cerca de las posiciones aliadas, regresando luego de cerciorarse de las obras de defensa que, luego del revés que sufrieran, acababan de construir en ese lugar. En esta batalla de Yuasy’y, el Tte. Primero Florentín Oviedo sobresalió por su arrojo, lo que le valió su ascenso al grado de Capitán.
La Actuación del Capitán Oviedo en Ayacuasá. Ascenso a Sargento Mayor. El 18 de julio de 1868, los paraguayos de Timbó no dejaban de hostigar a los aliados acampados en Andaí. Desde hacía dos días los bombardeaban en forma reiterada. Esos tiros de hostigamiento eran muy certeros y eficaces. Allí surgió la idea de establecer un reducto equidistante entre Timbó y Andaí, para poder hostilizar mejor al enemigo. Este nuevo reducto fue bautizado con el nombre de Reducto Corá con una guarnición que disponía de dos piezas de artillería de 32 y que estaba compueta de un batallón de infantería, 200 hombres de caballería a pie conocidos como los “Acá Morotí” por los sombreros piri que utilizaban. Preparadas nuestras tropas, el Coronel Bernardino Caballero concibió la idea de hacer caer a las guerrillas argentinas en una celada, para lo cual ordenó que el Capitán Melitón Taboada, al frente de los Acá Morotí y 2 compañías de Infantería, se ocultasen a la vera del camino por donde acostumbraban aparecer los enemigos. El plan consistía en que nuestra avanzada debía salirles al encuentro, tirotearse con ellos y procurar arrastrarlos hasta el reducto, para recibir allí el fuego de las tropas del Capitán Taboada, que además los atacaría a cuchillo por la retaguardia. Amanecía el 18 de julio y todo se hallaba dispuesto para el cumplimiento del bien meditado plan, pero grande fue el asombro que causó a nuestras tropas ver que, aquellos que se aproximaban, no eran las acostumbradas guerrillas, sino una numerosa columna dispuesta para un inminente ataque. Lo que había pasado es que aquella mañana, el General Rivas había decidido hacer un serio reconocimiento de nuestras posiciones, y ordenó el cumplimiento de la orden al Coronel argentino Miguel F. Martínez de Hoz
, quien con su Batallón “Riojano” y los brasileños de los batallones 3º y 8º, y llevando como segundo al Comandante Gaspar Campos, marchasen para el reconocimiento dispuesto. De acuerdo con lo previsto, nuestra avanzada salió al encuentro. La tropa enemiga tenía esta disposición: Como vanguardia iba el Batallón Riojano, y un poco detrás, las fuerzas imperiales; nuestra tropa iba retrocediendo cumpliéndose el plan de atraerlos hacia el reducto; los aliados entusiasmados, iban acercándose cada vez más y más. En aquel momento nuestra avanzada se hizo de lado, y los aliados recibieron entonces el terrible fuego de nuestra artillería. Los brasileños se dieron a una total desbandada, en tanto que el Batallón Riojano quedó envuelto y fue exterminado por las tropas del Capitán Taboada. El Comandante Gaspar Campos fue hecho prisionero por el valeroso Capitán Oviedo, quien lo capturó personalmente y lo entregó al cabo José María Godoy, quien lo condujo a Timbó. Este prisionero falleció posteriormente en Itá Ybaté, víctima de disentería. Es de justicia mencionar la patriótica actitud de Campos antes de caer prisionero: en el momento en que el abanderado argentino era muerto por uno de nuestros soldados, el Comandante se apoderó de la enseña argentina, corrió con ella hasta la costa del riacho y la arrojó al agua para no caer en manos de nuestros soldados . El Coronel Martínez de Hoz murió en esta acción, y el Capitán Florentín Oviedo, que demostró el valor de siempre, recibió una herida de bala en una pierna, herida que lo mantuvo inmóvil por muy poco tiempo. Como testimonio de la acción de Ayacuasá, el Mariscal López acordó por Decreto del 24 de Julio de 1868, dado en el Cuartel General de San Fernando, la cruz conmemorativa Cruz de Malta, de ocho puntas con la inscripción en el anverso: “A la decisión y bravura”, y en el reverso: “Ayacuasá, 18 de VII de 1868”. El Capitán Florentín Oviedo mereció esta valiosa condecoración y su ascenso al grado de Sargento Mayor, el Coronel Bernardino Caballero recibió su ascenso al grado de General de Brigada.
Su Ascenso a Mayor del Ejército. Batallas de Ytororó , Avaí e Itá Ybaté.
Estando Oviedo en San Fernando, con su herida no curada aun, se puso al frente del Batallón 22, emprendiendo la retirada hacia Pikysyry para la organización de la nueva resistencia, y así lo encontramos con el flamante grado de Mayor en la Batalla de Ytororó, llamada por los brasileros la Dezembrada, que en síntesis, se desarrolló de la siguiente forma: Convencido el Mariscal López de que los aliados se encaminarían por Ytororó, ordenó al General Caballero que les presentase batalla en el desfiladero del citado arroyo. Siendo las ocho de la noche, dejó Caballero el Cuartel General y marchó al frente de los batallones 3, 22, 23, 37 y 40, comandados por los jefes: Comandante José Duarte, Mayores: Florentín Oviedo, Juan J. Cárdenas, y Capitanes: Antonio Vargas, José María Moreno y Pedro López respectivamente. Cinco regimientos: el 3, 6, 9, 12 y 19 comandados por el Mayor Carmelo Gómez, Capitanes: Anselmo Cañete, Pablo Aguilar, Zoilo González y Manuel Espinoza respectivamente. Seis piezas de artillería al mando del Mayor Ángel Moreno y llevando como segundo al Comandante Valois Rivarola. Totalizaban 4.100 paraguayos contra 12.000 hombres que componían las fuerzas imperiales. La batalla se libro el 6 de diciembre de 1866. El 11 de diciembre actúa el Mayor Florentín Oviedo en la sangrienta batalla de Avay. El frente del Batallón 21, al finalizar la acción escapó en retirada y se unió al General Caballero. El Batallón de Oviedo fue el único que se salvó de este desastre. López, tardíamente envió a la reserva compuesta por los batallones 12 (del comandante Viveros), 6 (del comandante Luján), 7 (del comandante Insfrán) y 20 (del comandante Aspillaga) todos al mando del segundo del cuerpo, mayor Patricio Escobar. Sobre la marcha se le incorporó en retirada el batallón 21 (comandante Florentín Oviedo), única unidad que sobrevivió a la acción de Avay, y al conocer la derrota, Escobar dio parte y recibió la orden de replegarse. Las consecuencias de la derrota fueron desastrosas para López quien perdía en una sola acción casi la tercera parte de sus fuerzas de la línea del Pikysyry, enfrentaba un cerco seguro y cedía al ejército brasilero con la posesión de Villeta una base de operaciones segura y de enlace con la escuadra. El ejército imperial se ensañó en su crueldad con los prisioneros. Las mujeres paraguayas indefensas sufrieron los vejámenes, los ultrajes y el sadismo del enemigo en aquella lúgubre noche, que recuerda la historia con pena y dolor. En un debate que poco después tendría lugar en el senado brasileño, un congresista coincidiría en que no era una victoria para enorgullecerse: «Foi uma Victoria assignalada não ha questão infelizmente não pôde ensoberbecer soldados tão valentes como são os nossos, a officiaes tão distínctos como os officiaes brasileiros, porque estavam sem campo raso, tínhamos alguns 4,000 homens da cavallaría de Río Grande, éramos um exercito de 20,000 homens contra 5,000 paraguaios, que foram esmagados." Senado de Brasil, Annaes do Senado Brazileiro, 1869. Del 21 al 28 de diciembre del mismo año, Oviedo participó en la homérica batalla de los siete días de Itá Ybaté o Lomas Valentinas, donde peleó con singular bravura, recibiendo una herida que le destrozó el maxilar inferior, el proyectil le atravesó el cuello y quedó incrustado en la nuca. Peleó hasta el final, viendo caer a sus últimos soldados, que lucharon como titanes. Fue encontrado moribundo en el campo, siendo enviado al Campamento de Cerro León, donde fue visitado por López, quien dio la orden de que una vez que se repusiera de su herida, reorganizase el desaparecido Batallón 22. Cumpliendo con lo ordenado por el Mariscal, fue nombrado jefe de la Tercera División del nuevo ejército reorganizado en aquel viejo Campamento, donde llegaron por segunda vez los que habían sobrevivido a la Campaña del Sur. Allí hacia cinco años que el recluta Oviedo había sentado plaza como soldado. Sobre esta batalla se expresó el ministro americano Mc Mahon: "Seis mil heridos, hombres y chiquillos, llegaron a ese campo de batalla el 21 de diciembre y lucharon como ningún otro pueblo ha luchado jamás por preservar a su país de la invasión y la conquista...otros han fugado (hacia su propio ejército) de las pocilgas que utilizaban los invasores como prisión,...el cuartel Paraguayo comenzó a llenarse de heridos incapacitados positivamente para seguir la lucha. Niños de tiernos años arrastrándose, las piernas desechas a pedazos con horribles heridas de balas. No lloraban ni gemían, ni imploraban auxilios médicos. Cuando sentían el contacto de la mano misericordiosa de la muerte, se echaban al suelo para morir en silencio". Tras Lomas Valentinas, "El ejército paraguayo quedó liquidado; al mariscal López lo rodeaban apenas cien sobrevivientes (de 9000 soldados que habían luchado contra 25000 brasileños). Pero este puñado quedó dueño de la situación y las fuerzas brasileñas se sintieron alcanzadas por una colosal derrota". Según el historiador paraguayo Juan E. O'Leary: "En esta batalla debió terminar la guerra. Un regimiento de caballería hubiera bastado para rodear a aquellos curiosos vencedores. Pero si no teníamos más que 90 hombres sanos, aún nos quedaba una fuerza moral tan grande que ante el sólo recuerdo de lo que habíamos sido, el enemigo se sentía abrumado y miraba con terror esas lomas pobladas de muertos". La batalla del 8 de junio de 1869, la batalla de Diarte, constituye el último triunfo de las armas paraguayas en la contienda. A la vuelta del heroico comportamiento del Mayor Oviedo, fue ascendido al grado de Teniente Coronel, con su pequeña división acampó en Curuzu Cerro. Sobrevino después el asalto enemigo a la plaza de Piribebuy. Luego del choque sangriento, en la retirada, Oviedo cubría la retaguardia del General Caballero desde el amanecer hasta las últimas horas de la tarde del 12 de Agosto de 1869.

Acosta Ñú. Su última actuación guerrera en la Triple Alianza. Después de la heroica resistencia y caída de Piribebuy, el mariscal López dio orden de evacuar el Campamento de Azcurra y emprender la retirada hacia el norte. La marcha se inició el 13 de agosto, a las cinco de la tarde. La conducción del parque, de la carretería y comisaría estaba a cargo del General Bernardino Caballero. Se improvisó un ejército compuesto por su mayoría de niños de 12 a 15 años de edad, dirigidos por el Tte. Cnel. Oviedo, Cnel. Pedro A. Moreno y el Tte. Coronel Bernardo Franco. La marcha de la columna era lenta a causa de que los bueyes estaban flacos y apenas podían arrastrar a las pesadas carretas. El 16 de agosto, al clarear el día, y luego de haber pasado los cerros de Caacupé, los niños fueron alcanzados por el grueso del ejército aliado en el paraje denominado Acosta Ñú, Barrero Grande. El ejército aliado, compuesto de 20.000 hombres y apoyado por 43 bocas de fuego, más la 3º División de la Infantería Brasileña, estaba comandada por 5 Generales: la 1º División a las órdenes del Cnel. Herculano Sancho Da Silva Pedra; la 2º Brigada con los batallones 2, 3 7; la 6º Brigada del batallón 1, 8 y 46 y la 3º con los batallones 10, 16 y 27 con sus respectivos comandantes: Cnel. Valporto, Francisco Laureano y Manuel Deodoro da Fonseca. Contra este ejército numeroso y bien organizado, comenzó la lucha de los niños; al decir del historiador Efraín Cardozo: una de las batallas más estupendas de la Guerra contra la Triple Alianza. Dice sobre la batalla el Coronel Juan Crisóstomo Centurión: “El General Bernardino Caballero, perseguido muy de cerca, abandonando su caballo que se resistía a bajar la zanja, vadeó a pie el arroyó Yuquyry, y ganó, exhausto del cansancio, la espesura del monte, acompañado de dos o tres asistentes, cumpliendo así con el encargo del Mariscal, que le había recomendado encarecidamente que no se dejara tomar prisionero”. El Tte. Coronel Florentín Oviedo que comandaba 36 oficiales y 1.186 soldados, había caído prisionero después de una resistencia tenaz. Montado en un corcel dirigía la batalla, y en medio de la terrible lucha, fue herido su caballo en la cabeza, prácticamente decapitado, se encabritó y cayó en las aguas del arroyo Pirity, afluente del Río Piribebuy, contribuyendo con su sangre el noble animal a colorea de púrpura las aguas del ya legendario arroyo, para mezclarse con la sagrada sangre de los niños héroes que perecieron. Dice el historiador O’Leary: Su caballo, enloquecido por el colosal estruendo de la batalla, se encabrita y, dando tremendos saltos sobre aquel suelo cubierto de cadáveres, se dirige al arroyo a la carrera. Pero apenas ha andado 50 metros, cuando una bala de cañón le lleva la cabeza (…) Oviedo, en aquel fugaz segundo, oye a su espalda la gritería salvaje de los lanceros imperiales. Y la visión de la muerte cruza ante sus ojos. Más el noble bruto decapitado prosigue su fantástica marcha y va a precipitarse en el profundo cauce del arroyo, en cuyas aguas sangrientas se hunde con su jinete (…) Y así me salvé aquel día –expresa por su parte el héroe- cuando la batalla terminaba con el total exterminio de nuestra gente. No me había llegado la última hora. Tenía que sobrevivir a mis compañeros de infortunio, para arrastrar hasta hoy el dolor de mi orfandad y el peso de mis recuerdos. Las fuerzas imperiales rindieron homenaje a su valor. Respetaron su vida y le permitieron portar su espada manchada de sangre en homéricas batallas. En esta su última acción guerrera, y ya prisionero de guerra, el Teniente Coronel Florentín Oviedo se distinguió por la altiva y valiente contestación que dio al General Da Silva Pedra, cuando éste le hizo comparecer ante sí para tomarle declaración; entre otras cosas, le formuló la siguiente pregunta: ¿Cuál era el total del Ejército que había combatido a las órdenes de Caballero? Oviedo, sereno como en los campos de batalla respondió dignamente: No lo sé, señor. Pero si Usted quiere cerciorarse de la verdad puede ir al campo de batalla a contar los cadáveres de los paraguayo y agregar el número que resulte, el de los prisioneros que están presentes, y tendrá el total. Escuchada esta respuesta, el General Pedra abrió tamaños ojos y clavando una mirada de sorpresa en su interlocutor, guardó profundo silencio. Sin duda alguna, no le causó mala impresión la contestación de Oviedo, porque seguidamente ordenó darle una capa de paño oficial para cubrirse. Era Agosto, hacía frío y nuestro luchador estaba con uniforme roto, hecho jirones en las cruentas luchas sin descanso. Oviedo, prisionero de guerra, es llevado a Río de Janeiro. Terminado el combate y apagado el fuego del campo, los brasileños capturaban a los prisioneros paraguayos. Oviedo para defenderse del fuego, en primer lugar y luego buscando forma de escapar del enemigo se echó a una zanja seca no muy profunda y allí le encontró el grupo de soldados en número de 12 armados de lanza intimándole rendición a los gritos de “RÍNDASE COMANDANTE”, y como Oviedo guardaba silencio repitieron tres veces las mismas palabras hasta que por fin Oviedo dijo: “Pase su lanza entonces para poder salir”. Los soldados le pasaron sus lanzas y prendiéndose por ellas salió Oviedo de la zanja con la cara y la ropa sucia, renegrida por la ceniza producida por el incendio del campo, sin pronunciar la palabra me rindo. De ahí fue conducido al lugar de concentración de prisioneros, donde momentos después llegaron varios jefes y oficiales brasileños a caballo y al galope, casi todos luciendo sus condecoraciones. Uno de los jefes se adelantó hasta acercarse al grupo por el Comandante Oviedo, contestando a ello Oviedo: A su Orden. El jefe que había preguntado por Oviedo habló en portugués: Eu sou o Conde D'Eu. Eu e minha equipe estamos à sua disposição do comandante Oviedo. Oviedo dió las gracias con su acostumbrado desprecio al enemigo diciendo: Gracias, nada necesito. En ese mismo instante vio a lo lejos que su hermano Marcelino, prisionero también iba en anca del caballo de un soldado brasileño y allí entonces aprovechó el ofrecimiento del Conde y le dijo: Allá va mi hermano Marcelino en anca de aquel macaco. Quiero que me traiga acá, tengo que llevar conmigo al Brasil. El conde seguidamente ordenó a un oficial de su Estado Mayor para que fuera a buscarlo y lo mismo hizo el Conde, hasta que rato después viene de regreso acompañado de Marcelino quien es entregado al Comandante Oviedo, quien se expresó al Conde con palabras de gratitud. El conde volvió a repetir su ofrecimiento a lo que el Comandante Oviedo se concretó a decir: Gracias Conde, ahora ya no necesito más nada, y el Conde se retiró seguido de su Estado Mayor. Ya en calidad de prisionero de guerra, fue conducido a Río de Janeiro, donde pasó un año y seis meses de cautiverio, y allí en su encierro, en el Cuartel Picadero, en varias ocasiones sublevó a sus compañeros prisioneros como protesta por los malos tratos a los que eran sometidos. Llamado por el Comandante al prisionero por su actitud, Oviedo protestó en forma airada, aduciendo que tal conducta no era la humana que debe guardarse a los prisioneros de guerra, que deben ser considerados sagrados. Desde entonces, fue tenido como una reliquia viviente, admirada y venerada por los mismos brasileños, que lo respetaban hasta lo temían. Eran 57 paraguayos que habían sido puestos al mando de Oviedo, a quien le correspondió el mando por mayor jerarquía. El portal de entrada estaba bajo la custodia de soldados brasileños al mando de un oficial y tenía la consigna de no pasar al patio del cuartel sin previo permiso del Tte. Cnel. Oviedo pero también ninguno de los oficiales prisioneros ni el mismo Comandante podían salir del cuartel sin permiso del Oficial de Guardia. Oviedo gozaba de la simpatía de altas autoridades brasileñas y de toda la Corte Imperial. Recibía a menudo tarjetas de invitación, y coche en la puerta, de Condes, Duques y Marqueses como Caballeros de la Nobleza para asistir a alguna reunión, función teatral o baile.
Un enemigo noble. El General argentino Ignacio Rivas.
Cuenta Oviedo, no recuerda bien si fue en Avay no Timbó, que viéndose las fuerzas enemigas imposibilitadas a vencer a los paraguayos por más que éstos eran inferiores en número, pidieron refuerzo y fue llegando el General Ignacio Rivas con numerosa tropa. Oviedo con su acostumbrado arrojo y audacia y en el deseo siempre de correr al enemigo se echó tras el General Rivas que montaba un caballo bayo encerado alto. Viéndose el General así perseguido echó a correr también pero fue alcanzado por Oviedo, el que queriendo apoderarse de él sin herirlo o matarlo, tres veces arañó la espalda del General sin poder prenderse de la blusa, entonces resolvió estirar la cola del caballo pero como su fuerza no era bastante para sujetarlo se escapó de sus manos alejándose rápidamente. Así fue para que el General Rivas no haya caído prisionero o haya sido herido o muerto en esa ocasión. “También porque no tenía que caer nomás en mi poder aquel hombre –dijo Oviedo- pues no tuve la oportuna idea de descarretar el caballo, que caído aquel, yo hubiese sido dueño del jinete”. Después cuando el Tte. Cnel. Oviedo cayó prisionero en Acosta Ñú, el General Rivas se presentó en el campamento de concentración y preguntó por el Comandante Oviedo, indicándosele la persona. El General Rivas se acercó a él y le saludó diciéndole: “Buenas Tardes Comandante Oviedo” a cuyo saludo contestó Oviedo. El General quedó en silencio observándolo de pie a cabeza, después de haber estado un rato así, metió la mano en el bolsillo del chaleco y sacó dos rollitos que pasó a Oviedo diciéndole: “Sírvase Comandante”. Oviedo recibió aquellos dos paquetitos ignorando el contenido, hasta que después de haber abierto encontró con gran sorpresa que cada rollito, como decía él, contenía veinte libras esterlinas. Aquella caballerosidad y desprendimiento que usó el General Rivas sorprendió a Oviedo quien atribuyó el hecho de que en otra ocasión pudo haberlo herido o matado no lo hizo y que el haberle estado observando era nada más que para conocer bien de cerca al Comandante o a la persona que le hizo pasar un momento de apuro.
Oviedo es llamado por el Emperador Pedro II.
Un día el General Gurdell, ayudante general de Campo del Emperador Don Pedro II (Pedro de Alcântara João Carlos Leopoldo Salvador Bibiano Francisco Xavier de Paula Leocádio Miguel Gabriel Rafael Gonzaga), se presentó en el Cuartel Picadero. Un soldado con un caballo alazán de tiro y ensillado le seguía. Hace avistar al Comandante Oviedo que viene del Palacio de San Cristóbal comisionado por S.M. El Emperador para entrevistarse con él. Oviedo aceptó la invitación y rato después ambos montaron a caballo y partieron sin prisa, a paso de caballo, pero andando el General pregunto a Oviedo si sabía galopar, a lo que contestó: “Un poquitinho”. Entonces el General le invita a galopar y aceptado que fue, al dar la voz de “vamos” Oviedo arranca, rajando con las espuelas al caballo. El caballo de raza con rienda suelta da un gran salto y luego al estirarle la rienda comenzó a pararse por las patas y a corcovear después, saltando de un lado para otro durante el galope, hasta que uno de esos saltos, Oviedo enderezó su caballo hacia el General y parecía que ya le iba a alcanzar con las manos al furioso animal cuando el General se vio obligado a apresurar más a su montado con el fin de no ser aplastado allí. El momento era emocionante y el General encontró prudente pedir a Oviedo que marchasen nuevamente despacio sin galopar, y muy admirado le dijo a Oviedo “El Comandante había sabido montar a caballo” y Oviedo contestóle otra vez: “Un poquitinho”. Ya junto al Emperador, éste se desocupa y se dirige a Oviedo y le dice: “¿Verdad es el Comandante Oviedo?”, “A su orden S.M. le contestó”, y siguió este diálogo: - ¿Verdad estuvo en la guerra desde el principio? - Participé desde el comienzo Majestad. - ¿Verdad ha combatido en tal parte? - Es cierto Majestad. - ¿Es cierto que allí estaban los brasileros en número de tanto y que los paraguayos en número de 350? - Es cierto, Majestad. - ¿Y allí triunfaron los paraguayos habiendo derrotado a los brasileros? - Es cierto, Majestad. Y así siguió haciendo preguntas sobre varias acciones de guerra donde han tomado parte las tropas brasileñas hasta que el Emperador le dijo: ¿Pero verdad Comandante, no me miente? ¿Será posible creer que los brasileros sean tan cobardes y que saben huir? Oviedo contestó: No tiene necesidad de hacerme más preguntas ni averiguaciones. El Emperador guardó silencio, pero quedó mirándole un instante, hasta que le hizo la siguiente proposición: “Comandante Oviedo, el gobierno le dará facilidades para seguir su carrera militar, le dará dos grados más, recurso suficiente para ir a Europa a perfeccionar sus conocimientos militares durante 10 años recorriendo y visitando las instrucciones militares de las principales naciones, tendrá un sueldo mensual correspondiente a su grado y pensión vitalicia, una casa palacio para vivienda de su familia, una casa comprada especialmente para Ud., con título de propiedad a su nombre, pero Ud. se servirá tomar carta de ciudadanía brasilera”. Oviedo, que escuchaba atento las palabras del Emperador, se levanto de su asiento con cierto enfado diciendo: “Ruego a su Majestad se sirva no repetirme esas palabras. Soy paraguayo, y como soldado paraguayo he defendido esa tricolor de mi Patria, y volveré a defenderla porque el Paraguay todavía existe y el corazón en este pecho palpita aún”. El Emperador quedó con la mirada fija al Comandante sin pronunciar palabra alguna hasta que dijo: “Puede retirarse Comandante”. Oviedo, dando paso atrás y cumpliendo con los saludos militares se retira y vuelve al cuartel acompañado nuevamente del General Gurdell. Decía Oviedo que después de lo ocurrido no esperaba sino su sentencia de muerte dada por el Emperador, sin embargo su espíritu estaba tranquilo, nada pasó.
Sublevación de Universitarios en Río de Janeiro. Un día, alumnos de 3 universidades de Río de Janeiro se sublevaron y se levantaron en armas contra el régimen de gobierno y apoderándose de un arsenal, se atrincheraron en las universidades. El Emperador envió un parlamentario proponiéndoles deponer las armas incondicionalmente dentro de 8 días. Los sublevados contestaron que no depondrían las armas hasta conseguir sus propósitos que es la abolición de castigos inhumanos en práctica en las instituciones de enseñanza. Otro parlamentario invita a los amotinados a deponer las armas incondicionalmente dentro de 6 días o que serían atacados por tropas de guarnición de la Capital, contestando los amotinados en la misma forma anterior y que están en espera de las tropas para entrar en combate El Emperador en el afán de salvar el país de un estéril derramamiento de sangre pensó buscar otro medio para sofocar el movimiento y resolvió utilizar el nombre del soldado paraguayo. El plan resultó acertado. Don Pedro II llamó a Gurdell y le ordenó que fuera al Cuartel Picadero para decirle al Comandante Oviedo si él con sus oficiales están dispuestos a prestar al Emperador el siguiente servicio: Atacar a los sublevados universitarios y en caso que acepten si qué elementos necesitarían: uniforme, armas, dinero, etc. Oviedo en cuando en cuanto habló con el General Gurdell llamó en formación a los 57 oficiales prisioneros paraguayos a su cargo y les comunicó el deseo del Emperador contestando los oficiales: “Ha mba’eguipa anichene. Jahá katu”, aceptada la proposición por unanimidad, Oviedo volvió a decirles que el Emperador quiere saber qué elementos se necesitarán, como uniformes, armas, dinero y otras cosas más. Los oficiales contestaron que nada no necesitaban y que armas tenían desde ya. “¿Y dónde están las armas?” preguntó Oviedo; y “¡Ahí están!, contestaron, indicando un montón de piedras que estaban en el patio del cuartel y que para matar a los negros era suficiente arma la piedra. El Comandante Oviedo dio su contestación al enviado del Emperador por intermedio de su intérprete Cancio Flecha diciéndole que están conformes en prestarle el servicio pedido y que no necesitaban nada para llevar a cabo el asalto y que tiene armas suficientes (indicándoles el montón de piedras) y que solo esperan la orden de atacar. El General llevó la noticia al Emperador y éste seguidamente manda otro parlamentario para comunicarles a los amotinados que si en el término de cuatro horas no deponen las armas incondicionalmente, serán atacados por el “Cuartel Picadero”. El parlamentario entregó la nota al jefe de los revoltosos y éste abrió el oficio y leyó en vos alta para ser oído por todos, pero al pronunciar las palabras “Cuartel Picadero”, todos gritaron “Uu, Paraguaio méu”, porque sabían que iban a ser atacados por paraguayos. Sin esperar ninguna resolución comenzaron a tirar sus fusiles, cartucheras, mochilas y demás y abandonaron la Universidad cada cual a su casa. El jefe revoltoso le dijo al parlamentario no hay necesidad de contestar la nota, ya ve Ud. que el movimiento ha terminado. El parlamentario al dar parte de lo ocurrido dijo al Emperador que los revoltosos se han desbandado al oír decir “Cuartel Picadero” –Cuartel de los Paraguayos-, que todo ha terminado, que todos han huido. Así terminó aquel movimiento revolucionario sin haber registrado víctimas ni perjuicios. UN VERDADERO FRACASO. Después Don Pedro II se constituyó en el Cuartel para dar personalmente las gracias al Comandante Oviedo y a los oficiales. El Emperador vestía traje civil, una blusa color patito y pantalón negro. Cuando el oficial de guardia anunció a Oviedo la llegada del Emperador, que deseaba entrar y entrevistarse con él, Oviedo, que ya había aprendido algunas palabras del portugués contestó: “Á, deixa entrar”. Entra el Emperador, Oviedo le recibe, y se cambian saludos así: “Comandante Oviedo, vengo personalmente a agradecerle en nombre mío y en el de mi pueblo, pues mediante su valioso concurso y el de sus oficiales mi país no se ha visto en el lamentable caso de sacrificar sus vidas y evitando al mismo tiempo grandes perjuicios materiales. Vea Comandante, lo que vale para estos macacos el nombre de Paraguay”. Palabras textuales del Emperador, según afirma Oviedo en su manuscrito. En tanto los oficiales paraguayos prisioneros cruzaban de un lado a otro y hablaban en guaraní y reían después de decir chistes y palabras hirientes para el Brasil y hasta para el mismo Emperador que todo estaba oyendo con indiferencia y sin que le cause molestia. Al tanto, Oviedo no teniendo otra cosa que obsequiar al Emperador, le sirvió una taza de café negro y un “Pan Paraguay”, nombre que le dio Oviedo al chipá almidón de mandioca fabricado por un teniente prisionero, oriundo de Yuty, que la madre había sido del oficio y por allí fue que aprendió él y que en la prisión explotó esa industria que le dio grandes ganancias, pues, después de ser conocido fuera del cuartel, todos los días terminaba de vender hasta dos hornadas de Pan Paraguay. Don Pedro II y el Comandante Oviedo salieron juntos a visitar las dependencias del cuartel, hasta que en una de las piezas observó el Emperador que había muchas goteras y dirigiéndose a Oviedo le dijo en perfecto guaraní: “Eh, Comandante, ko nde Cuartel técho niko otykypá ra’e hikóni, ha hi umedá paité ko koty. Amonuhúta debe omyatyró pyahuete va’erá”. Terminado el paseo por el interior del Cuartel el Emperador volvío a repetir su agradecimiento al Comandante Oviedo, retirándose solo, pues no tenía acompañante alguno. A Oviedo le causó un escalofrío saber que el Emperador sabía el guaraní como cualquier paraguayo, recordando las charlas estúpidas de los oficiales imprudentes escuchadas por el Emperador. Pensaba Oviedo en las tristes y desagradables consecuencias que podía traer a sus propios compañeros. “Pero por suerte nada pasó y todo termino allí”, refirió Oviedo.
Oviedo regresa a la Patria. El Teniente Coronel Florentín Oviedo regresó a la patria después de un año y seis meses, luego de todo esto. Durante el segundo periodo constitucional, en la presidencia de Don Juan Bautista Gill (25 de noviembre de 1874 a 12 de abril de 1877) fue ascendido al grado de Coronel de la Nación. El 19 de marzo de 1875 fue designado miembro de la Comisión de Calificaciones de Servicios Militares, juntamente con el General José María Delgado y el Teniente Coronel Ríos. Poco tiempo después fue designado Segundo Jefe del Estado Mayor del Ejército Nacional. En el año 1879 se retiró de las filas del Ejército y se trasladó al pueblo de Ajos, pueblo que eligió para su descanso. Allí ejerció el cargo de Jefe Político y, posteriormente, el de Juez de Paz, cargos desempeñados con altura, rectitud y acrisolada honradez. Desde Ajos se sumó a la fundación del Partido Liberal, activando en dicho partido. El pueblo paraguayo le rindió en vida un merecido homenaje en la capital. Al respecto dice el ilustre periodista F. Arturo Bordón: “En aquella época era el veterano de la guerra del 70 de mayor graduación. Por eso cuando la Sociedad de Pro Sobrevivientes de la Guerra del Paraguay organizó un homenaje a sus socios sobrevivientes, el Coronel Oviedo fue apoteósico. Dio muestras de dulce serenidad. En el andén de la Estación del F.C.C.P, diez mil manifestantes vivaron su nombre, damas y niños alfombraron su camino de flores, le aclamaron las voces de la niñez y el Pabellón Nacional cubrió al anciano infante como un palio litúrgico, condujo triunfalmente a pie su alojamiento”. Y el héroe vivió los minutos con la misma serenidad con que había llevado los impetuosos ataques de su infantería. Recién cuando la multitud se disolvió, después del canto del Himno, se retiró a su alcoba, y allí en la placentera intimidad de la casa del viejo compañero, Capitán de la Marina don Víctor Almeida, allí, frente a una imagen sagrada, frente a la cual se hallaba el retrato del Mariscal, juntó las manos y dos gruesas lágrimas cayeron de sus ojos. En otra crónica dice el mismo periodista F. Arturo Bordón: “Poco antes de morir, el Gobierno Nacional honró su nombre, cambiando el nombre del pueblo que lo custodiaba con cariño –Ajos- por el suyo. La casualidad quiso que fuesen portadores del diario que anunciaba la noticia, el señor Schaerer, presidente de la República, y el autor de estas notas. Nada sabía él de la grata nueva”. “Lo encontramos acostado en su lecho, en una humilde casita de campo rodeada de bosques y flores, frente a un montículo que hoy ostenta su busto, homenaje del pueblo en su nombre. Allí llevaba una vida de ermitaño. Recibió nuestra noticia con serenidad y dulzura. En su rostro venerable, cubierto de arrugas, apenas se dibujó una sonrisa”. El Decreto que lleva el nro. 39.296 de fecha 5 de febrero de 1931 dice textualmente: “Es un deber del pueblo y del gobierno honrar a los ciudadanos que han merecido bien de la Patria por su servicio y sus sacrificios. El Coronel Florentín Oviedo ha tenido una actuación heroica como soldado de la Patria en la guerra de 1864 – 1870, y es el sobreviviente de más alta jerarquía de nuestro glorioso ejército del pasado: A mérito de los servicios prestados a la Nación Paraguaya por el mencionado ciudadano, oído el parecer del Consejo de Estado, el Presidente de la República José P. Guggiari y sus ministros Justo P. Beítez, Gerónio Zubizarreta, Rodolfo González y Manlio Schenoni L.” Este Decreto fue convertido en ley por el Congreso Nacional en fecha 12 de agosto de 1.931 con el número 1.219, la cual se cambia el nombre del pueblo de Ajos por el de Coronel Oviedo. Nuestro héroe falleció el 11 de octubre de 1935 a los 95 años de edad.
Homenaje al Coronel Florentín Oviedo en el día que designan con su nombre al popular Club. 23 de Mayo de 1928. Parados: Ceferino Serafini, Francisco Mereles, Serafín Álvarez, Enrique Buzarquis, Venancio Flores, Wilfrido Martínez y José María Godoy. Sentados: Rafael Melgarejo, Andrés Rodríguez, Cnel Florentín Oviedo, Froilán Ramos, Juan Bautista Meza, Virgilio Specini. Niños: Andrés Rodríguez, Fulgencio Rodríguez y Adán Godoy.
Rancho donde vivió el Coronel Oviedo, y su hija, Prudencia Oviedo.
Trabajo presentado en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Asunción, filial Coronel Oviedo. Catédra de Historia Diplomática del Paraguay. BIBLIOGRAFIA CONSULTADA: . Perfil de Un Héroe, Vida del Coronel Florentín Oviedo. Prof. Ida Aranda. Fabio Candia fabiocandia@hotmail.com www.facebook.com/fabitoocandia www.twitter.com/FabitoCandia

martes, 3 de abril de 2012

LA LESION Y EL FRAUDE PAULIANO.

LA LESIÓN
Concepto.

Dentro de los vicios de los actos jurídicos, entendiendo a los mismos como las distintas causas por las cuales la ley les priva de eficacia jurídica a los actos jurídicos, diferenciándose de los vicios de la voluntad porque no atacan directamente la voluntad, ni constituyen un vicio de ella, sino que son circunstancias que la ley ha creído conveniente erigir en causas de nulidad del acto, nos encontramos con la figura de la lesión.
Como concepto amplio de la lesión, podemos decir que es el daño en un contrato a título oneroso que deriva del hecho de no recibir el equivalente de lo que se da.
"Es el perjuicio que una parte experimenta a consecuencia de un acto jurídico, cualquiera sea su naturaleza, desventajosamente celebrado."
La lesión es una figura que juega en casos excepcionales, ya que la regla sigue siendo que los contratos se hacen para cumplirse.
Antecedentes de la lesión en:
Roma:
En el Derecho Romano, el principio de la lesión no era una causa de nulidad de los actos jurídicos. Por excepción, la lesión enorme o enormísima podía dar lugar a la rescisión de las convenciones en los siguientes casos: a favor de los rumores, cualquiera fuese la convención o tratándose de mayores, a favor del vendedor. El rescrito de los emperadores Dioclesiano y Maximiniano, que autorizaba la rescisión de la venta de un inmueble efectuada por menos de la mitad del justo precio. Esta rescisión data del año 285 que dice:
Si tú o tu padre hubiereis vendió por menos precio una cosa de precio mayor, es humano que, restituyendo tú el precio a los compradores recobres el fundo vendió, mediante la autoridad del juez, o que, si el comprador lo prefiere, reciba lo que falta al justo precio. Pero se considera que el precio es menos si no se hubiera pagado ni la mitad del precio verdadero.
Este estudio sobre las reglas dictadas por los emperadores es simplemente un aspecto de un movimiento más general, parte de las medidas destinadas a proteger a los débiles contra los poderosos.
En el Código de Justiniano: La Ley 8ª. Libro IV, Título XLIV del Corpus Iuris Civile establece:
Ni la buena fe permite, ni razón alguna concede, que rescinda un contrato concluido por el consentimiento; salvo que se haya dado menos de la mitad del justo precio al tiempo de la venta, y deba otorgarse al comprador la elección ya otorgada.
En la primera época se concebía que la lesión alcanzaba sólo a la compraventa de inmuebles, por la utilización del término fundus, en las interpolaciones; sin embargo, más adelante también se aplicaría el instituto a las demás cosas, conforme se desprende del significado del término rem, al cual aludía con posterioridad la interpretación de la ley comentada.
En el Derecho Civil Alemán: Sólo en el derecho alemán la figura fue recogida en toda su amplitud, en su art. 138 que dispone:
Es nulo todo acto contrario a las buenas costumbres. En particular será nulo el acto jurídico por el cual alguien, explotando la necesidad, ligereza o inexperiencia de otro, obtiene para sí o un tercero que, a cambio de una prestación, le prometa o entregue ventajas patrimoniales que excedan de tal forma el valor de la prestación que, teniendo en cuenta las cirscunstancias, exista una desproporción chocante con ellas.
En el Derecho Civil Paraguayo: El Código Civil Paraguayo en su art. 671 expresa:
Si uno de los contratantes obtiene una ventaja manifiestamente injustificada, desproporcionada con la que recibe el otro, explotando la necesidad, la ligereza o la inexperiencia de éste, podrá el lesionado, dentro de dos años, demandar la nulidad del contrato o su modificación equitativa. La notable desproporción entre las prestaciones hace presumir la explotación, salvo prueba en contrario. El demandado podrá evitar la nulidad ofreciendo esa modificación, que será judicialmente establecida, tomando en cuenta las circunstancias al tiempo del contrato y su modificación.
Caracteres y elementos de la Lesión. Caracteres Subjetivos:
Explotación de la necesidad:

La necesidad es la escasez, pobreza, penuria, indigencia, miseria; falta o carencia; falta continuada de alimentos. Normalmente será de carácter económico pero puede considerarse que hay necesidad cuando se contrata estando en peligro la vida, la salud, el honor y la libertad.
La amplitud del término NECESIDAD ha sido discutida en distintos congresos de Derecho Civil; en algunas legislaciones del Derecho Comparado se utiliza el término penuria, en otras se usa el término peligro para dejar de utilizar por su amplitud la necesidad; sin embargo, en algunas legislaciones se hace una diferenciación bien nítida entre peligro y necesidad, regulando en forma muy especial para los actos celebrados en estado de peligro y los celebrados bajo la influencia de la necesidad como elemento subjetivo de la lesión.
No se debe confundir con el estado de necesidad, que consiste en una figura diferente, donde los elementos son distintos. Es necesario distinguir el estado de necesidad de la lesión, pues constituyen conceptos distintos. El estado de necesidad está contemplado en el Código Penal como causal excluyente de la imputabilidad; en cambio no está incluido en el Código Civil como vicio del acto voluntario. Las diferencias que existen entre la lesión y el estado de necesidad es que en este último no se sufre daño alguno sino que se causa; en cambio, en la lesión la persona necesitada es quien sufre las consecuencias; también puede señalarse que el hecho necesario es generalmente unilateral, mientras que el lesivo es siempre bilateral.
Explotación de la Ligereza:
Es la actitud de quien actúa en forma irreflexiva y sin ponderar adecuadamente las ventajas e inconvenientes de una operación, se trate de personas normales o sujetos.
El significado del término ligereza es el más cuestionado por la dificultad de precisar su alcance y significación; en nuestro idioma quiere decir rapidez o agilidad; así mismo se le asigna un significado como “inconstancia, inestabilidad, irreflexivo o de poca meditación”; pero trasladado esto al campo del derecho, nos encontramos que quienes actúan de esta manera, en los negocios jurídicos, estarían cayendo dentro de la órbita de su propia culpa y, en consecuencia, no tendrían acción para demandar la nulidad o la modificación del acto en virtud del principio de que nadie puede invocar su propia torpeza como fundamento de sus derechos, principio que nos viene desde el Derecho Romano, con esta expresión: Propiam turpidudinem allegans non est audiendus.
Belluscio y Zannoni exponen al respecto al comentar el Codigo Civil Alemán: “No ha de aceptarse una acepción tan amplia del término que comprenda el obrar negligente o imprudente; no se trata de proteger un obrar irreflexivo, ni de permitir que se anulen actos que son frutos de errores inexcusables. El término, en sentido técnico – jurídico, es más restringido, pues se reduce a los casos en que EL OBRAR IRREFLEXIVO, VERSÁTIL, VOLUBLE, OBEDECE A ESTADOS MENTALES PATOLÓGICOS DE DEBILIDAD, O ESTADO DE INFERIORIDAD MENTAL O ESTADO PATOLÓGICO DE INFERIORIDAD”.
Explotación de la Inexperiencia:
Es la falta de conocimientos que se adquieren con el uso y la práctica. Por ejemplo: actos realizados por personas de escasa cultura o de corta edad. No hay inexperiencia en varios casos: por ejemplo quien tuviera extendidos a su favor gran cantidad de documentos de crédito sea una persona sin experiencia en los negocios.
La definición del término inexperiencia, de la misma manera que los anteriores, ha suscitado controversia, principalmente en la doctrina, en los congresos y seminarios realizados, sin embargo, el Diccionario de la Lengua Española lo define de la siguiente manera: “La falta de conocimiento que se adquiere gracias a la práctica y la observación”; es sinónimo de carencia de práctica, de destreza, de prueba o conocimiento. Al hablar de inexperiencia, esta figura mantiene un límite muy estrecho con el error como vicio de la voluntad. Se puede decir que esta falta de experiencia puede ser aprovechada por la otra parte que obra con sagacidad, astucia, que se vale de la situación de inferioridad del inexperto para obtener de él una ventaja patrimonial excesiva; se ha mantenido en la doctrina que esta situación de inferioridad es proclive al aprovechamiento de los conocedores, capitalizando a su favor esta circunstancia.
Notoria desigualdad entre las prestaciones. Presunción originada en la desproporción. Inversión de la carga probatoria.
No es suficiente, el solo conocimiento de la existencia de la necesidad, ligereza o inexperiencia, sino que es necesario que a partir del conocimiento de ese estado, se pretenda obtener un beneficio desproporcionado.
El art. 671 del C.C.P. crea una presunción que parte de la notable desproporción entre las prestaciones. En efecto en el negocio jurídico lesivo el elemento objetivo se materializa mediante la desproporción grosera e injustificada entre las prestaciones, mientras que el elemento subjetivo, mediante las condiciones de inferioridad; ante estos dos elementos se requiere una relación causal, que sin lugar a dudas debe ser el aprovechamiento de aquellas condiciones no subjetivas de la víctima, que se manifiesta por el elemento externo y fáctico del negocio jurídico consistente en la desproporción grosera entre las prestaciones.
El aprovechamiento castigado por la ley, en consecuencia, se refiere al de las condiciones de inferioridad de la víctima (necesidad, ligereza, inexperiencia), por la inmoralidad que representa tal conducta del agente.
A partir de constatada esta circunstancia de inferioridad que le llevó a una de las partes a la realización del acto jurídico ruinoso para sus intereses, se puede entender que la desproporción es INJUSTA, porque esa desproporción se fundaría en el aprovechamiento de aquellas circunstancias subjetivas castigado por la ley, no en cualquier desproporción corriente en los negocios jurídicos.
Acciones a que da lugar: a) Anulación; b) Modificación equitativa. Facultad del demandado para evitar la nulidad.
La acción por nulidad o la acción por reajuste deberán promoverse contra la parte quien realizó el aprovechamiento, si en la transmisión dominial no figura como parte del acto el autor del aprovechamiento, entonces deberá dirigirse contra la otra parte en el acto jurídico y el tercero autor del aprovechamiento de las condiciones de inferioridad de la víctima. En caso de fallecimiento de la víctima tendrán derechos sus herederos y en caso contrario se ejercerá la acción contra los herederos del beneficiado.
Plazo de prescripción de la acción:
El art. 671 claramente expresa que prescribe la acción dentro de dos años.
 
EL FRAUDE PAULIANO.
El Fraude en general.

La evolución de las distintas legislaciones del Derecho Comparado, como también nuestro Código Civil, nos demuestra que son dos los principios morales que sustentan las relaciones jurídicas con miras a establecer un orden jurídico, donde reinen dos valores axiológicos, no menos importante uno que el otro, y que son la equidad y la seguridad.
Estos principios son: a) la buena fe en el cumplimiento de las obligaciones como en el ejercicio de los derechos; y b) el patrimonio del deudor como prenda común de los acreedores.
La buena fe consiste en “la creencia sincera, dictada por la atención que se puede exigir, según las circunstancias, de que al adquirir, al usar de un derecho, y al cumplir una obligación, no se lesionan ni el orden legal ni los derechos de terceros”.
En cuanto al segundo principio, los bienes que forman el patrimonio del deudor deben responder al pago de sus obligaciones. En realidad, si los deudores ejercen actos positivos destinados a mejorar su patrimonio, esto indudablemente mejora también las posibilidades de los acreedores; pero si ocurre lo contrario, cuando el deudor esfuma su patrimonio hasta llegar a la insolvencia, también esfuma las posibilidades de los acreedores; esta última conducta, cuando tiene una finalidad de burlas a sus acreedores, representa una inmoralidad, una deslealtad. Esta deslealtad aparece al tiempo del cumplimiento de las obligaciones y no al tiempo de la formación del acto; esta última es la característica del fraude pauliano, que no es otra cosa sino una especie de fraude en general y de fraude a la ley.
Fraude a la Ley.
En la mecánica del fraude a la ley, se trata de obtener un efecto similar o análogo al prohibido por una norma imperativa, apoyándose en otra norma. El acto fraudulento se otorga bajo protección de otra norma, que no es prohibitiva, gráficamente designada como norma de cobertura, eludiendo así la aplicación de la norma imperativa o norma defraudada, logrando un acto aparentemente válido.
El fraude a la ley, realizado mediante la protección de algunas normas, que reciben el nombre de “normas de cobertura”, y la defraudación de otra norma, la llamada “norma imperativa o defraudada”, se materializa mediante numerosos actos, pero el más común en la vida de los negocios se presenta a través de la “persona de existencia ideal”.

El Fraude Pauliano. Concepto.
El fraude pauliano es el acto otorgado por el deudor en forma fraudulenta para provocar o agravar su insolvencia y burlar de esa manera a los acreedores, imposibilitando el cumplimiento de las obligaciones contraídas con anterioridad.
Metodología del Código Civil Paraguayo.
El C.C. lo legisla dentro de los actos jurídicos en general, conforme a la doctrina contemporánea, en razón de que no constituye vicio de la voluntad propiamente dicho, sino un defecto del acto jurídico o vicio en el acto jurídico que afecta a la buena fe.
La Acción Pauliana. Antecedentes y Conceptos.
En el Derecho Romano, formado por obra de los pretores, con la intención de dar una respuesta práctica y un medio de solución inmediata a las necesidades de la vida, el Pretor Paulus creó esta acción destinada a obtener la revocación de los actos fraudulentos contra los intereses de los acreedores quirografarios. La acción revocatoria o pauliana, o acción pauliana, así llamada indistintamente en homenaje al citado Pretor romano, se encuentra regulada en el CC en los Arts. 311 al 317.
La acción revocatoria o pauliana es el derecho que tienen los acreedores quirografarios en obtener la revocación de los actos fraudulentos de sus deudores, que provocan o agravan su insolvencia, para abrir una vía con el fin de satisfacer dichos créditos.
Esta acción típicamente se ejerce contra los actos de compraventa; sin embargo, es igualmente aplicable a actos a título gratuito o renuncia de derechos o a cualquier transmisión de dineros o valores mobiliarios, que escapan fácilmente a los embargos, siempre que sea posible individualizarlos.
Requisitos para su procedencia.
Actos a título oneroso: a) Que el acto impugnado cause o agrave la insolvencia; b) Crédito anterior.
No cualquier acto del deudor puede ser objeto de revocación; principalmente cuando se trata de actos a título oneroso, debe cumplir rigurosamente con algunos requisitos:
a) Que el acto impugnado cause o agrave la insolvencia: Nuestro Código Civil alude directamente al concepto de insolvencia del deudor, como requisito de la figura del fraude, en los Arts. 311 y 312, norma la primera que trata de los actos gratuitos, y la segunda, de los actos a título oneroso.
A falta de una conceptualización del Código Civil, debe entenderse por insolvencia un estado patrimonial del deudor, donde el pasivo supera al activo.
b) Crédito anterior: De los términos del Art. 312 CC se deduce que uno de los requisitos de procedencia de la acción revocatoria o pauliana consiste en que el crédito, en virtud del cual se intenta la acción, sea anterior al acto fraudulento.

Si el patrimonio del deudor constituye la prenda común de los acreedores, se presume que el acreedor acepta esta garantía, a partir de la constitución del crédito, y el deudor sólo se responsabiliza por todo acto jurídico otorgado a partir de esa fecha, no debiendo ninguna explicación por todo acto u contrato celebrado con anticipación del mismo.
Naturaleza jurídica y efectos de la declaración de la acción pauliana.
La opinión mayoritaria en la doctrina es que se trata de una acción de carácter personal, que tiene como fin salvar el obstáculo que constituye la transmisión de los bienes a favor de terceros y abrir la vía para que el acreedor pueda satisfacer su crédito.
El C.C. en el Art. 315 dispone: “La revocación será pronunciada exclusivamente en interés del acreedor que la pidió, y hasta el importe de su crédito. Cesará la acción del acreedor si el tercero efectuare el pago o constituyese garantía para el caso de ser insuficiente el patrimonio del deudor”.
Otros sostienen que se trata de una acción de carácter resarcitorio, porque con ella se trata de reparar los daños causados al acreedor por el acto fraudulento, y por último la acción tiene un carácter conservatorio y trata de declarar inoponible el acto impugnado al acreedor accionante.
Establece el Art. 317: “El que hubiere adquirido de mala fe las cosas enajenadas en fraude de los acreedores, deberá indemnizar a éstos de los daños y perjuicios, cuando la cosa hubiere pasado a un subadquirente de buena fe, o cuando se hubiere perdido”.
Tiene el carácter conservatorio, porque en alguna medida el ejercicio de la acción está enderezado a la conservación de los bienes del deudor, como garantía de los acreedores quirografarios. El Art. 316 C.C. estatuye: “Obtenida la revocación, el acreedor puede promover contra el tercero las acciones ejecutivas o conservatorias respecto de los bienes que constituyen el objeto del acto revocado. El cómplice del fraude debe devolverlos con todos los frutos como poseedor de mala fe”.
Efectos: Como se demostró precedentemente, los principales efectos de la acción revocatoria o pauliana pueden sintetizarse en los siguientes:
a) Revoca el acto hasta el límite del crédito;
b) Beneficia al acreedor, quien ejerció la acción;
c) El tercer adquirente puede impedir la procedencia de la acción mediante el pago u ofrecimiento de suficiente garantía a los derechos del acreedor;
d) La obligación de resarcir los daños del tercer adquirente de mala fe, cuando este transmitió la cosa a un sub adquirente de buena fe.
Medios de prueba.
A falta de norma legal limitativa, pueden las partes valerse de todos los medios probatorios contemplados en el Código de forma y fondo.
El acreedor que intenta la acción revocatoria no tiene que probar la complicidad del tercero ni su ánimo de defraudar; le basta demostrar que éste conocía la insolvencia del deudor, puesto que, en tal caso, la ley presume el fraude.
Tiempo de prescripción de la acción pauliana.
El Art. 663 C.C. dispone: “Se prescriben por dos años: …b) La acción revocatoria de los acreedores en caso de fraude. El plazo correrá desde que los perjudicados tuvieron conocimiento del hecho, y en cualquier caso, transcurridos cinco años desde la realización del acto…”.
La norma es sumamente clara, en el sentido del inicio del cómputo del plazo de prescripción, que si es posterior a la realización del acto deberá justificarse la fecha de su conocimiento. En todo caso, la acción prescribe a los cinco años desde la realización del acto, por lo que transcurrido este término ya no podrá acreditarse el conocimiento posterior del acto fraudulento.
El mérito del codificador paraguayo está en haber unificado el plazo de prescripción de la acción revocatoria y la de simulación, ya que en muchas oportunidades deviene necesaria la acumulación de ambas acciones.
En cuanto al fraude presumido por la ley, como se trata de un acto nulo, la imprescriptibilidad de la acción surge de lo establecido en el artículo 658, inc. “a” del Código Civil, norma que preceptúa: “no prescriben: la acción de impugnación de los actos nulos”.

martes, 27 de marzo de 2012

Inicio de Relaciones Diplomáticas del Paraguay con los Estados Unidos de Norteamérica.

Misión de José Graham.
Las relaciones paraguayas con el Estado norteamericano se inician a partir del conflicto paraguayo con Juan Manuel Rosas, gobernante de Buenos Aires. Este conflicto inicia desde el reconocimiento de la Independencia Paraguaya por parte del Imperio Brasilero, cuyo enviado, aparte de firmar un tratado alianza, buscó inteligencias entre el Paraguay y los enemigos de Rosas, cuyo centro de operaciones era la Provincia de Corrientes. Carlos Antonio López se resistió a las combinaciones políticas, consistiendo sólo un tratado de comercio y navegación con Corrientes. El bloqueo del Paraguay fue la respuesta de Rosas.
Las gestiones de Corrientes, desde donde el general José María Paz dirigía la guerra contra Rosas, encontraron mejor acogida. Estimulado por el Brasil, se avino López a firmar el 11 de noviembre de 1845, un tratado de alianza para enviar tropas a cambio del reconocimiento de la independencia y de la libre navegación. El 4 de diciembre, el presidente López declaró la guerra al gobernador de Buenos Aires. Su hijo, Francisco Solano, joven general de 18 años, al frente de un ejército expedicionario, cruzó el Paraná y se incorporó a las fuerzas del General Paz. La intervención militar paraguaya tuvo resultados inesperados. Estalló un motín que reveló el desagrado con que el pueblo paraguayo concurría a una guerra fuera de sus fronteras. Dominada y ejemplarmente castigada la rebelión, el presidente López aprovechó las desinteligencias entre Paz y el gobernador Madariaga, que terminaron con la destitución del primero, para desligarse de la alianza. Las tropas repasaron el Paraná, casi sin haber disparado un tiro.
Ese año, llega al país Eduardo Augusto Hopkins, en carácter de Agente Especial del gobierno norteamericano. Traía dos misiones fundamentales:
a) Recoger para su gobierno informaciones generales sobre el Paraguay, con vistas al reconocimiento de la independencia nacional; y
b) Ofrecer la mediación norteamericana en el conflicto entre el Paraguay y Buenos Aires.
Al gobierno americano le interesaba la navegación de los ríos, la apertura de toda la Cuenca de la Plata, inclusive el Paraguay, al comercio internacional. En cumplimiento de su misión, Hopkins viajó a Buenos Aires. Rosas, al enterarse de la condición previa exigida por el Paraguay; el reconocimiento de su independencia, rechazó esta posibilidad, pero se comprometió a no tomar armas contra la República. Poco después se dirigía a Asunción el Cónsul norteamericano José Graham y el Secretario de Legación Jorge L. Brent, en cumplimiento de la gestión mediadora, la que finalmente fue retirada a causa de la oposición de Rosas. De esa manera, las relaciones con Norteamérica quedaron reducidas a la nada.

Misión de John Strother Pendleton.
López había gestionado el reconocimiento de la independencia nacional por el gobierno norteamericano por intermedio de Hopkins, quien para el efecto se trasladó a Washington. Pero hasta entonces sin éxito a causa de la oposición argentina. Luego con la decisión de Urquiza, en 1852, había desaparecido todo impedimento de reconocimiento por otros países.
El 4 de marzo de 1853 el plenipotenciario John Strother Pendleton firmó el primer acuerdo entre el Paraguay y los Estados Unidos de Norteamérica, firmando por Paraguay, el general Francisco Solano López.
El reconocimiento de la independencia nacional y el establecimiento de legaciones diplomáticas en Asunción marchaban a pasos agigantados. Sin embargo, el Tratado López-Pendleton no fue canjeado y fue sustituido por otro en 1859.

Los Asuntos Hopkins y “Water Witch”.

La Cuestión con Edward Augustus Hopkins: El 8 de noviembre de 1845 llegaba al Paraguay un joven norteamericano de apenas 23 años de edad. Venía como agente especial del gobierno de los Estados Unidos de América. Era el enviado del presidente Buchanan y entre sus instrucciones, precisamente, figuraba allanar la salida del Paraguay hacia el mundo exterior, además de sondear las condiciones para un reconocimiento de la Independencia paraguaya por los Estados Unidos de Norteamérica, como lo habíamos citado precedentemente.
A fines de 1853 estaba de regreso, quien había formado la “United States and Paraguay Navegation Co.” Y además venía investido de las funciones de Cónsul de su país.
El 11 de octubre de 1853, Hopkins llegó a Asunción, donde fue recibido deferentemente por el Gobierno paraguayo y, López (Carlos Antonio) dispensó muchos favores a Hopkins en el deseo de ayudarle en sus negocios. Le permitió la libre introducción de las máquinas y accesorios de sus instalaciones industriales. Le autorizó a comprar propiedades raíces y esclavos. Mandó desalojar un espacioso cuartel en San Antonio para que los empleados de la compañía lo ocuparan gratuitamente, mientras levantaban sus viviendas propias y construían los cobertizos destinados al aserradero. En Asunción, Hopkins estableció una cigarrería.
Los avatares sufridos en su viaje al Paraguay mellaron sus posibilidades económicas, por lo que recibió fuertes sumas en préstamo del Gobierno paraguayo, para la puesta en funcionamiento de sus emprendimientos comerciales e industriales.
Las implicancias de un paseo a caballo. Un día de mediados de 1854, Edgard Hopkins y su más que pariente madame Guillemot, esposa del diplomático francés en el Paraguay, emprendieron un paseo a caballo hasta el establecimiento industrial de San Antonio, donde los esperaba Clement Hopkins. “Los tres jóvenes visitaron las diversas instalaciones de la compañía, pasearon por la ribera del río, y a mediodía volvieron para almorzar… “A las 4 de la tarde hicieron los preparativos para el regreso a Asunción, pero quien escoltaría a madame Guillemot sería Clement, no Edward, quien resolvió pernoctar en San Antonio. Ambos jóvenes montaron sus caballos y emprendieron el regreso. A poco de andar dieron con un hato de bueyes conducido por un soldado de caballería y algunos ayudantes, que venía en dirección opuesta. En condiciones ordinarias, este encuentro, inocente y fortuito, se habría sepultado en el anónimo de hechos triviales que forman el cañamazo del trajín cotidiano; pero en ese recodo de la historia tomó un giro imprevistamente melodramático, y acarreó una de las complicaciones internacionales más novelescas del continente”. Con temeraria impertinencia Clement Hopkins apostrofó de mala manera al soldado paraguayo, de nombre Agustín Silvero, para que le allanara el camino a un ciudadano americano y su compañera francesa, atropellando la tropa de ganados y dispersándola, lo cual enfureció a aquel y reaccionó asestando un sablazo a la espalda del extranjero. La pareja volvió a San Antonio, contaron a Edward lo ocurrido. Aquí ardió Troya: un oscuro soldado de “un país semi primitivo” se atrevió a apalear a nada menos que al hermano del cónsul de los Estados Unidos. Esta situación solo podría resolverse por medio de un desagravio público para lavar semejante ultraje. Esta ingrata situación, llevada a la exageración por el cónsul Hopkins, llevó al desenlace de un verdadero escándalo diplomático de proporciones inopinadas. El lunes siguiente –el hecho ocurrió el sábado anterior–, Edward Hopkins se presentó a la Casa de Gobierno con ropa de trabajo y empuñando un rebenque; a empellones, entró hasta la misma oficina del presidente López y, en medio de improperios y amenazas, exigió al Gobierno paraguayo una reparación desproporcionada de la ofensa recibida. López, con tranquilidad pasmosa, le despachó sugiriéndole que presentara sus reclamaciones al ministro de Relaciones Exteriores (José Falcón). Pero así como lo recibió con calma, no le perdonó su osadía e impertinencia. Salieron a relucir numerosos reclamos por las inconductas del cónsul, los préstamos a su compañía, etc. El resultado final fue el retiro de patente de cónsul, anuló una compra de tierras que había hecho Hopkins, ordenó el retiro de su aserradero de la propiedad de San Antonio, la clausura de su fábrica de cigarros, además de una serie de medidas punitivas. Como corolario, ordenó la expulsión del cónsul. Hopkins apeló al capitán Page, del Water Witch, y, luego de una serie de incidentes, consiguió salvoconductos para salir del país, que lo hizo el 30 de septiembre de 1854.

La Cuestión Water Witch: Luego del enojoso incidente, cuando el Water Witch estaba en Corrientes, llegó el senador norteamericano C. R. Buckalew, con el texto del tratado de paz, comercio y navegación, firmado entre los Gobiernos paraguayo y norteamericano el 4 de marzo de 1853, para su canje de ratificaciones. Page señaló lo ocurrido y la imposibilidad de subir nuevamente hasta Asunción, por lo que dichas ratificaciones no pudieron hacerse en aquella ocasión. Más la Nota al Gobierno paraguayo, redactada en inglés, le fue devuelta por el Canciller josé Falcón, con la indicación de que sea redactada en español, o se acompañe el original con la copia en aquel idioma. Los ánimos del Gobierno paraguayo quedaron muy sensibilizados luego de aquellos incidentes. Fue así como sucedió el ataque de la guarnición paraguaya de Itapirú, del 1 febrero de 1855 al Water Witch, durante un viaje exploratorio por el Paraná, rumbo a la isla Apipé. El comandante Thomas Page dio parte a las autoridades norteamericanas. Por su parte, Hopkins, con sus socios comerciales, reclamó a su Gobierno “una justa exigencia”, al Paraguay, pues, decían, no tenían “más recursos que el brazo fuerte de nuestro Gobierno (cuya protección se extiende) sobre los intereses, bienestar y felicidad de sus ciudadanos, donde quiera se encuentren, para escudarlos de la tiranía y el abuso”. Para ello solicitaron que el Gobierno estadounidense adoptara las medidas “que se juzguen oportunas y apropiadas”, y reclamaron como indemnización el pago, por el Paraguay, de cerca del millón de dólares.
Se efectuaron disparos de advertencia de la artillería del Fuerte y ante su inobservancia, ya al blanco, del que resultó el barco norteamericano con averías, heridos y un muerto, de cuyas circunstancias fue informado el gobierno norteamericano.
 

Expedición Naval contra el Paraguay: En 1857, el Presidente James Buchanan informó de los referidos incidentes Hopkins-Water Witch al congreso y éste autorizó al Presidente a adoptar las medidas pertinentes. En consecuencia fue alistada una poderosa fuerza naval de 19 barcos de guerra y apoyo, al mando del Comodoro Willian Subrick. El comisionado presidencial James Buttler Bowlin, debía exigir:
a) Reparación por las pérdidas y daños sufridos por la compañía de Hopkins;
b) Excusas por el ataque al “Water Witch”; e,
c) Indemnización para la familia del marinero muerto en ocasión de los disparos a dicho buque.
La llegada de la poderosa flota al Río de la Plata, en diciembre de 1858, provocó graves preocupaciones; el presidente Urquiza decidió ofrecer su mediación, la que adelantada en la ciudad de Paraná al comisionado Bowlin, fue aceptada. Urquiza, acompañado del General Guido y selecta comitiva, embarcados en una unidad de la flota paraguaya, llegaron en Asunción en enero de 1859.
Don Carlos aceptó entrar en negociaciones toda vez que la flota norteamericana quede fuera de las aguas territoriales nacionales; acepto el comisionado norteamericano la condición, y el 24 de enero arribó a la Asunción en compañía del comodoro Schubrick, a bordo del “Fulton”.
Merced a la diligente gestión de Urquiza, se llegó a un acuerdo sobre las siguientes bases:
a) Explicaciones al gobierno de los EE.UU sobre los incidentes;
b) Saludo a la bandera norteamericana con una salva de 21 cañonazos, a ser retribuido en igual forma por el Fulton al pabellón paraguayo;
c) Pago de una indemnización de 10 mil dólares a los deudos del marinero del Water Witch; y,
d) La reclamación de la “United States and Paraguay Navegation Co.” Se acordó someter a una decisión arbitral.
 
La Convención Bowlin – Vázquez.
Firmado el 4 de febrero de 1859, establecía en sus principales cláusulas: Que la Republica del Paraguay, concedía a los ciudadanos de los Estados Unidos de América, la libre navegación del río Paraguay, en todo el curso que pertenece a la República, con sujeción a los reglamentos policiales y fiscales del país, pudiendo descargar todo o parte de sus cargamentos en los puertos de la República, y las mismas concesiones a los ciudadanos paraguayos que llegaren a arribar a los puertos norteamericanos.

La Sentencia Johnson – Berges.
El juez comisionado James Buttler Bowlin tenía que exigir el reconocimiento de la culpabilidad del Paraguay y el pago, en consecuencia, de una indemnización no menor de 500.000 dólares. En caso de que no tuviera éxito en sus gestiones, la escuadra, según las instrucciones impartidas al comodoro Shubrik, «subirá hasta la confluencia de los ríos Paraná y Paraguay, establecerá el bloqueo efectivo de ambos ríos y de todas las ciudades y villas situadas sobre sus márgenes; atacará y destruirá las fortalezas de Humaitá y otras que en su opinión obstruyan o comprometan el pasaje indemne de la flota a su mando, y prosiguiendo hasta Asunción, a menos que el gobierno paraguayo acceda a las condiciones propuestas por el Comisionado, exigirá la entrega y tomará posesión de dicha ciudad y sus defensas, empleando la fuerza necesaria y realizando otros actos de hostilidad justificados por la Ley de las Naciones y que usted considere apropiados para imponer el acatamiento de las condiciones requeridas».
El 25 tuvo lugar la primera entrevista con el ministro de relaciones exteriores paraguayo Nicolás Vázquez, a quien Bowlin entregó sus cartas de presentación. El 26, con gran ceremonia, se efectuó en el Palacio la entrega de las credenciales al presidente, que lo recibió de uniforme de capitán general, y con su bicornio, rutilante de gemas y galones, debajo del brazo; deferencia especialísima, pues don Carlos acostumbraba recibir a los diplomáticos con el sombrero puesto. Hubo un cambio de discursos de tono cortés, con mutuas protestas de miras pacíficas.
Pero el comisionado Bowlin tenía instrucciones de no transar por menos de 500 mil, y don Carlos lo sabía. Y se mostró inamovible. Cuentan que le dijo al ministro Vázquez, que le aconsejaba prudencia.
Finalmente se acordó que el monto se dirimiera en arbitraje. Don Carlos quería que el tribunal se reuniese en Asunción. No poco trabajo le costó a Urquiza persuadirle sobre la conveniencia de que lo fuera en Washington.
El 13 de agosto de 1860 los jueces designados dieron a conocer en Washington su fallo arbitral. El tribunal estaba constituido por el jurisconsulto Dave Johnson, ex ministro de correos, como representante de los Estados Unidos, y José Berges, representante del Paraguay. El secretario era, desde luego, el inefable Samuel Ward.
Dice el fallo:
«Que dicho reclamante, la United States and Paraguay Navigation Co. no ha probado ni establecido su derecho a los daños y perjuicios en relación a la dicha reclamación contra el gobierno de la República del Paraguay; y que a la vista de las pruebas examinadas, el dicho gobierno no es por ningún derecho responsable de una indemnización o compensación pecuniaria cualquiera a favor de la nombrada compañía».
El juez norteamericano Johnson fundamentó ampliamente su opinión en u memorial que presentó para el presidente de su país. Decía en él:
«El gobierno y los ciudadanos de los Estados Unidos se han vanagloriado siempre de no sufrir ningún acto injusto de otro gobierno o de otro pueblo, pero al mismo tiempo de no pedir nada sino lo justo, y espero sinceramente que esté lejano el día en que las riquezas de las Indias Orientales puedan ser acaparadas, con su aprobación y sanción, por el pillaje a los Estados débiles a los cuales habrían sido arrancadas bajo la amenaza del cañón».

Este fallo haría exclamar, cuarenta años después, al ilustre político y publicista paraguayo don Manuel Gondra:
-¡Hay algo más grande que la escuadra norteamericana, y es la justicia norteamericana!


Referencias bibliográficas:
- Historia Diplomática del Paraguay, Luis G. Benítez.

- http://archivo.abc.com.py/2009-02-08/articulos/493459/-una-parada-al-carro

- http://www.militar.org.ua/foro/casi-guerra-del-paraguay-con-los-estados-unidos-t18501.html#.T3Eb5GCcbXg.twitter

Fabio Candia
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viernes, 24 de febrero de 2012

En Busca del Amor


Quizás muchas veces nos preguntamos sobre nuestra existencia, el porqué de nuestro vivir en este mundo, tan conflictivo, tan enigmático, tan cuestionable en todo sentido, nos preguntamos el porqué de las cosas y ante cuestiones más que misteriosas, enigmáticas, como lo es el amor; he quedado estupefacto y obviamente sin encontrar una respuesta, he salido en busca de una. Aunque sea un mínimo acercamiento; de encontrar esa luz al final de este callejón, de esta cueva que tantos tropiezos nos da, que a la vez da alegrías y mucho sinsabor; que a pesar de todo ello seguimos y seguimos buscando, todo todo, en busca del amor.

Y salí a buscarlo. Salí a la calle en busca de un amor verdadero; y esto me hizo presentir que podía haberlo encontrado. Hoy tan solo a pasos de iniciada la plena juventud, con una mayoría de edad inventada por leyes me encuentro en la búsqueda plena del amor, pero de los amores de una semejante, puesto que el amor lo encuentro en los amigos y en mi apreciada familia. Y salí. Supuse desde el principio que iba a ser una locura, puesto que salgo improvisto de material a excepción de un corazón loco por el amor incondicional y puro, un corazón que la buscó y que se alimentó a través del tiempo y de un cariño que quizás se pudo confundir con amistad. A pesar de ello, me he lanzado a un vacío del cual no sé cómo voy a salir a la luz. Espero encontrar alguna salida, porque lo que estoy pensando hasta el momento de escribir estas líneas, es que estoy completamente loco. Una vez, recuerdo plenamente, que en un otoño más frío que un invierno, y tan deprimente como un psiquiátrico declarado, expresé que las locuras no deben ser cometidas sanamente, las cometí en mi sano juicio y soy sanamente loco: loco de amor, loco por alguien que al final logró quebrar mi locura; al final resumimos que el amor es locura y cura de la misma locura, nos hace sentir cosas que nos olvida de todo cometiendo todo tipo de acción y a la vez, nos hace despertar y muchas de las veces recordar con mucha razón lo loco que pudimos haber sido al realizar todo por el amor. Por el amor salimos vestidos a la calle y volvemos muchas veces desnudos. Salimos cargados de todos los más nobles sentimientos y no falta quien nos absorba todo y se lleve nuestra felicidad dejándonos tristeza. Es por eso que empiezo a salir, salir en búsqueda del amor; por ello tiento a la inspiración y la salgo a buscar, sin miedo a perder, porque no tengo nada que perder.

Lo que anima para escribir unas cortas líneas respecto a este tema no es que yo sepa acabadamente al respecto; al contrario, quiero encontrar explicación y a la vez tratar de dar respuestas.
La vida es una sucesión de instantes: felices, infelices, tristes, alegres; radica en nosotros escribir el libro de esta vida y darle el toque especial de cada uno y alimentar nuestras vivencias, escribir las hojas de la vida y dejar legados que puedan ser importantes al lugar donde podamos corresponder. En el amor, ¿qué podemos hacer? ¿Qué podemos legar? Es una cuestión de a dos, que si el mismo muere, ¿a dónde va? ¿Dónde lo podemos encontrar?

Hoy salí a buscarlo. Tuve la oportunidad de conocer a alguien y en ese alguien he podido encontrar lo que muchas veces venimos buscando. Yo he estado buscando mas no con un apuro ni con ansiedad, he encontrado a alguien en quien verdad si podemos decir que correspondería y dar la nota de felicidad en un corazón que sigue en busca de la felicidad, en busca del amor, felicidad se resume en amor, y el amor en felicidad. Hoy la pienso, hoy le escribo, hoy la recuerdo como aquella primera vez, con su sencillez y su mirada tan dulce que hace que toda tristeza pueda diluirse y se pierda y jamás vuelva. El hecho de tan sólo recordarla me enloquece y hace que pueda ir cada día confirmando que estoy logrando encontrar lo que he salido a buscar, y conste que no lo he buscado, lo juro, me parece haber encontrado a alguien que mi salud necesitaba, que mi mente deseaba pensar y que mi corazón buscaba por latir. Es increíble. Pero ahí no termina: ella ni se imagina.

¿Cómo hacer que ella lo sepa?
Ante varios y varios intentos, fallidos todos, en todos ellos me cargué de emociones, de coraje y valentía; con los bolsillos del corazón cargados de amor, con los labios llenos de ansiedad por sus besos, con mi boca al aire sin pensar en lo que podría decirle puesto que el corazón en conexión directa sabía lo que sentía: la quería con el alma, salí en búsqueda de lo inexplicable, en búsqueda de la felicidad. La quiero y lo seguiré haciendo. Como que no quise ser precipitado, fui junto a ella, soñé varias noches con esos momentos que aquella noche se iban haciendo realidad, me parecía increíble, su mirada enigmática y confusa, sus blondos cabellos me hechizaban y el sentirla tan cerca me erizaba la piel y no podía esconder mi sentimiento ni mucho menos la felicidad: reía como idiota y mis ojos brillaban, lo sabía, el reflejo del brillo de mis ojos se notaba por la noche y reflejaba en lo rubio de sus cabellos, ese panorama jamás visto y jamás sentido me dio coraje y valentía, me animé y quedé corto. Corto en tiempo puesto que a quien salí a buscar no se encuentra tan cerca de mí, la distancia es una cuestión en la que hay que pensar, pero en el amor no pienso, lo vivo y lo siento, y con ella vivo y siento que esa distancia no existe, puesto que existe un cielo que nos guarda juntos, un pedazo de noche y conjunto de estrellas que nos acoge en todas las jornadas nocturnas y al mirar el mismo cielo juntos, nos encontramos en el pensamiento y en ese infinito firmamento en el cual cabemos todos, pero que nosotros en él somos uno, en él solo vivimos los dos. Siempre se dice que en el corazón no se manda, al corazón solo se obedece, y yo obedezco tan sólo sus órdenes. Hoy me ordenó salir a buscarla y he ido a buscarla. La encontré. La vi y me sentí tan feliz. El universo queda chico para expresar la magnitud de aquella felicidad y las estrellas y la luna en tres cuartos es testigo del momento excelso de mi sólo encuentro con ella. El haberle visto sus ojos y su tierna sonrisa fue el momento máximo de mi vida. No logro encontrar otro momento tan feliz en mi vida. No sé cómo explicar, pero intentemos.

Le dije en un momento determinado que mi sola intención fue verla en un día tan especial, que lo especial se hacía por el momento y el destino que nos dio la oportunidad de encontrarnos. Encontrarnos fue el momento y lo hicimos perfecto solamente por el hecho de encontrarnos. Stephen Hawking asevera que las mujeres son un completo misterio. Cierto, se convierten en nuestro universo y nos hacen ver estrellas. Junto a ella, aquella noche, compartí las estrellas y me hizo notar ese misterio. Tal como el universo, las estrellas, los planetas, el origen de la vida y demás cuestiones científicas ajenas a este tema, doy certeza a lo que dice este científico; es incomprensible esta mujer puesto que se me vuelve misterio y hace que yo no pueda hacerle saber nada. Me quedo sin poder decir nada y quedo con mis palabras en la punta de mi lengua. Pero estoy loco por ella. Es más incomprensible mi situación. Aun así, no le pude decir nada, más comprendió mi situación, lo sé, por su gesto y la toma de la mano que me hizo al despedirme y al sentir el calor de su abrazo.

Encontrar el momento ideal.
Heráclito expresó que ni aun recorriendo todo camino llegarás a encontrar los límites del alma, digo también que, ni aun recorriendo todo camino llegarás a encontrar los límites del amor. El amor no tiene límites, es parcial y evoluciona cada vez; cada vez lo perfeccionamos y buscamos el amor ideal. Con acertada razón mencionamos lo de amor platónico en honor al mundo ideal e inalcanzable platónico. Mas no por ello debemos descansar y bajar los brazos ante tantos desaciertos y problemas, ante tanta tristeza y caída sufrida por amor. Lo que hoy nos llama y que el corazón debe disponer es el encuentro del momento ideal. Que es cualquier momento. Entiéndase, que no debe ser un momento cualquiera, sino el momento de estar con alguien, y por más sencillo y sin lugar a ocasión especial, el hecho de expresar el amor de diversas maneras hace que lo hagamos especial. Por ser martes, por ser feriado; por ser bella la mañana, por ser una tarde fresca, que el motivo de recuerdo hacia ella sea su eterna belleza, su sonrisa perfecta. El momento ideal lo fabricamos y no es que lo buscamos y lo encontramos. Irónico, yo salí a buscarlo; salí a buscar el amor porque las armas quizás me fortalecieron y porque sabía que yendo a esa batalla se podría saber que los dos terminaríamos ganando, llegando cada uno a conseguir las proposiciones: el amor es de dos y los dos consiguen resultados si es recíproco, pasa que encontré con ella que se podía y por ello salí a la búsqueda de lo ideal, lo ideal había sido se encontraba ante mis ojos; fue así que enojos y tristezas jamás existieron en mi vida y lo poco de los bajones que pude vivir fue porque se encuentra distanciada por cuestiones de kilómetros y no peleas; distanciada por cuestiones de la vida, entendiendo que amor y vida son uno, porque la vida la poseemos y el amor lo buscamos, y por ello los dos se acercan. Increíble. Fue así que con ella encontré el momento ideal: la he conocido; me ha dejado conocerla y ser mejores personas. Hemos logrado la comunión del sentimiento y la tengo en mi cada día que pasa y que cada día que logro verla los ojos me brillan más que los cristales y su sonrisa cada vez me atrapa y me enjaula en una prisión en la cual me tiene preso y del cual no puedo salir: soy preso de mi búsqueda, preso de su ser.

Lo ideal se conoce como aquello que no se puede alcanzar. Lo ideal es aquello que puede existir en nuestras ideas, en nuestros pensamientos. Yo soñé que estaría con ella. Fue ideal y hoy es bella realidad.

En mis sueños, ella es real... en mi realidad, parece todo un sueño.
La siento hasta en mis sueños. La llevo hasta en mis huesos. La recuerdo en cada instante: miro al cielo y a ella la veo, puesto que la inmensidad del cariño que le tengo se refleja en el mismo; la noche me recuerda a ella, porque bajo su manto he compartido con ella, sus nubes oscuras nos atraparon e hicieron que la luna se reflejara en sus tiernos ojitos que parecían las estrellas más brillantes de esa jornada inolvidable.

En mis sueños ella es tan real cual un ángel, en el descanso, en mis noches… me acompaña a pesar de la distancia, a pesar de no estar presente, lo está en mis sueños y me da la fuerza para despertar con ánimos: he ahí, que la pierdo en sueños, despierto, veo la realidad, todo fue un sueño. Mientras estoy lejos, despierto, ella es mi sueño. Pero cuando estoy con ella, la miro, la veo, su sonrisa juega con la mía, sonreímos, su mano juega con la mía… lo más puro… lo jamás soñado… ¡Es real! Y parece un sueño, como sacado de una novela y viviendo el guión solos los dos, la dirección a cargo de nuestros corazones y un relato vivido con amor. Ella crea todo eso en mí y ni siquiera en esos instantes cuenta siquiera me doy. Ahora, recordándole, recordando lo hecho por ella, fue locura, fue loquísimo y no me arrepiento. Porque fue un sueño y ese sueño con ella se hizo real, hoy es parte mía y me parece todo un sueño.

Nada es perfecto, solo fluye, solo viene.
Si en todo el texto ha sido narración, que estas líneas sean para ti, que sea directamente a ella.

Si crees que todo es perfecto, dolería decirte que es un error. Mucho menos que yo sea un perfecto para ti, por el simple motivo de ser humano. Cierta vez llegaste a decirme sobre la perfección de mis respuestas a todo lo que nosotros cuestionamos, a todo lo que me preguntas, y en el inicio de nuestras primeras conversaciones y cruces de palabras me preguntaste el porqué de la perfección de mis respuestas. No tanto así señorita, permítame explicárselo.

Muchas de las veces, venimos soñando en la vida. Que debemos ser esto, que debemos ser aquello. Siempre andamos en busca de lo ideal, sabiendo que vivimos en una línea temporal; los momentos, los cuales debemos volverlos ideales. Sucedió cuando te conocí, ocasión impensable pero real. Fue ideal conocer a tan grata persona como lo eres, y sucedió. Buscaba lo ideal, te conocí y fue ideal, y el tiempo se encargó de que seas para mí, es un motivo de lo que siento por ti y si los narro, no se mujer pero me dejarás en aprietos, sin palabras.

Es así que, si creí alguna vez que lo perfecto no encontraría, me equivoqué. Lo buscamos. Y salí a buscar, encontré… y te encontré a vos. Fui en búsqueda del amor y lo encontré; hice que ella lo sepa y lo hice en sucesivos momentos que fueron sencillos y naturales; encontramos momentos ideales y sucedió, fue lo que pudimos haber soñado alguna vez; fue y sigue siendo real, es mi realidad que tiene mucho de sueño… vive en mi, fuera de mi… la llevo en la ausencia y en la presencia, nada es perfecto, solo pasa, fluye, solo viene. Eres esa parte mía, que ha llegado a mí y no la pienso perder.

Coronel Oviedo, enero 2012.
“Para quien se ha robado mi enero”.

Fabio Candia
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